Pammukale: un castillo de algodón

En el restaurante de mi familia hay un mural hecho de postales que nos envían nuestros clientes cuando viajan o los turistas cuando vuelven a casa. Como os podéis imaginar, a mí me encanta, porque además de recordarme sitios donde he sido feliz, me ofrece a diario sitios con los que soñar, una lista que crece cada día y que me mantiene intactas las ganas de moverme.

Mi postal fetiche es del Faro de Portland (Oregón), un sitio que me encantaría conocer, aunque en realidad me gusta porque es una isla de nieve y silencio, un refugio donde me escondía mentalmente cuando trabajaba los veranos, el sol de los 40º se había estado acumulando en la Plaza durante el día y por la noche, la terraza hervía de turistas hambrientos y sedientos.

Sin embargo, hay otro sitio que me tiene hechizada y que nos hemos propuesto como próximo destino cuando podamos permitirnos una escapada en condiciones: Pamukkale, Turquía. Este “Castillo de Algodón” es una catarata fosilizada que ha creado un acantilado de 200 metros de altura. Blanca piedra calcárea que reluce al reflejar la luz, salpicada de piscinas naturales con un agua cristalina, de un azul intenso y una temperatura constante de 35º, se convierten en un lugar aún más espectacular al atardecer, cuando el blanco se vuelve rosa y morado al reflejar el cielo.

En Pamukkale está prohibido bañarse como medida de conservación ante la llegada masiva de turistas, pero si es posible caminar descalza por los canales que fluyen alrededor de la montaña o acceder a alguna de las piscinas termales que rodean la zona, incluyendo la piscina romana de Hierápolis, la Piscina de Cleopatra, llamada así porque se cuenta que fue un regalo para la reina egipcia, aunque en realidad, es el resultado de un terremoto, que derrumbó varios edificios, y de la acción de las aguas de los manantiales, que la mantienen siempre a 36 grados.

Hierápolis

Y es que un sitio como este no solo atrae a las hordas de turistas que cámara en mano se bajan del autobús, sino que civilización tras civilización fue un centro termal y cultural para todas las etnias y culturas que poblaron Asia Menor, y finalmente, conquistado por los romanos. Bizantinos, árabes, cristianos, turcos… El paso de los años y las variaciones geopolíticas han configurado el paisaje de esta región, poblándola de edificaciones y ruinas de gran valor, testigos de piedra de su historia.

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http://bashny.net/t/es/22777

El teatro, las termas, el oráculo de Plutón (se creía que era la cueva del mismísimo dios de los infiernos, debido a los vapores asfixiantes que emanaban de la tierra) y especialmente, la necrópolis y laPiscina de Cleopatra, donde es posible nadar entre restos arquitectónicos. Si os interesa saber más sobre la arquitectura y las ruinas de Hierápolis, podéis leer sobre ellas en este blog.

Datos prácticos

Pamukkale está a unos 600 kilómetros de Estambul, por lo que hacer una excursioncita como parte de un viaje a la capital turca no es una opción. Desde la turística costa egea hay excursiones de un día, pero quizás lo mejor sea alojarse al menos una noche por la zona, y visitar el Castillo de Algodón a partir de las cinco de la tarde, cuando todas estas excursiones vuelven a sus hoteles y guías, vendedores de souvenirs y camellos fotogénicos se toman un respiro. Además, así es posible disfrutar de la puesta de sol. El mejor sitio a esta hora es el mirador que se encuentra en la parte norte de las ruinas, donde estaba la antigua Puerta Bizantina, tal y como atestiguan las fotos de este blog.

El acceso a Hierápolis y el acantilado se hace a pie y descalzo (hay quien dice que puede ser un poco doloroso, pero el agua termal lo calma, y provoca una sensación muy agradable), y conviene no olvidar el bañador para bañarse en las zonas habilitadas y unas chanclas o similar para luego visitar las ruinas. Así, aunque el agua esté siempre calentita,lo mejor es ir en primavera, para que el calor sea el justo para bañarnos sin asfixiarnos.

Para llegar, si no tienes el tiempo ni el dinero para recorrer Turquía tranquilamente, se puede volar a Antalya desde Madrid y allí alquilar un coche para conocer no solo Pamukkale, sino también algunas de las maravillosas playas mediterráneas. Otra opción es volar desde Estambul a Denizli, pues los vuelos domésticos están bien de precio y tardan solo unos 45 minutos.

Para dormir, aunque hay varios resorts y complejos con piscinas termales, la mayoría de viajeros recomiendan establecimientos más pequeños por su relación calidad-precio, el trato del personal y la excelente comida turca. Cuando las circunstancias me den fecha para ir, lo que calculo yo que no será antes de un año, investigaré de nuevo, pero por ahora me quedo con el Sinter Terasse House, y especialmente, el Venus Hotel.

Y vosotras, ¿os animáis o ya habéis estado en Pamukkale?, ¿qué me recomendáis? Se admiten pistas y recomendaciones para seguir soñando.

Publicado originalmente en ¡Qué pequeño es el mundo!
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