Más inteligentes, ¿cuestión de intentarlo?

El verano pasado estuve haciendo un curso de Coursera que se llamaba Accountable Talks: Conversation that works, sobre un método educativo basado en hablar, de cómo hablando ampliamos nuestras capacidades y mejoramos nuestro aprendizaje. 

Dentro del curso tuve que leer un artículo que me llamó especialmente la atención y que me gustaría compartir con vosotras, porque muchas, además de madres y padres de niñ@s que están en aprendizaje permanente, os dedicáis a la educación, y me gustaría conocer vuestra opinión.

El artículo en cuestión, de Carol S. Dweck, se llama The Secret of Raising Smart Kids (El secreto de criar niños inteligentes), y partiendo de la idea de que la inteligencia se basa en el entrenamiento, la práctica y el esfuerzo, propone como clave no alabar demasiado la inteligencia de nuestros hijos, ya que creernos especialmente dotados para algo nos hace no esforzarnos demasiado en ello, y nos deja especialmente vulnerables al fracaso. Así, es mucho mejor elogiar y reforzar el esfuerzo que las habilidades o capacidades innatas.

Dweck explica también que cuando nos rendimos ante algo lo hacemos pensando que nos falta capacidad, no que no nos hemos esforzado suficiente, porque tendemos a pensar que nuestras habilidades son algo innato, que el talento nace, no se hace. Sin embargo, si creemos que la clave está en el esfuerzo, simplemente lo hacemos ¿Cuántas veces hemos dicho ¡Buf, matemáticas! Yo es que no tengo cabeza para las ciencias?

Ese fue mi caso totalmente, y en mitad del instituto me cambié a sociales porque, simplemente, era lo mío, y no necesitaba esforzarme lo más mínimo para sacar buenas notas. Si volviera atrás, no hubiera tomado esa decisión, pero con dieciséis años, más que las matemáticas y la física, me interesaban algunos físicos que andaban por el parque.

Mafalda lo comprende bien

Mafalda lo comprende bien

En conclusión, creer en nuestras capacidades como algo fijo nos hace resignarnos a nuestras carencias en vez de luchar contra ellas, tanto en la escuela como en la vida. Pero, ¿cuántas veces te sorprendes logrando algo que nunca antes habías intentado simplemente por miedo a fracasar? Y esa sensación de “yo puedo” es increíble.

Dweck propone que debemos transmitir a nuestros hij@s la creencia de que lo importante es aprender, el proceso y no solo los resultados, alabando su esfuerzo y sus ganas (incluso -o especialmente- cuando los resultados no son óptimos) en vez de decirles lo listos y lo guapos que son. El cerebro es un músculo que se entrena, una máquina de aprender, y la motivación adecuada nos puede ayudar a entender la vida como un reto que podemos superar con creces.

Las teorías y sistemas estadounidenses de educación tienen cosas que me llaman la atención de forma contradictoria. Algunas cosas me parecen muy interesantes, y otras, auténticas chorradas. No sé hasta qué punto esta teoría es acertada, pero me parece mucho más interesante que dividir el mundo en listos y tontos y actuar en consecuencia, especialmente en una sociedad como la nuestra, donde parece que el esfuerzo y el sacrificio pocas veces se valoran y se recompensan.

 

*Publicado originalmente en ¡Qué Pequeño es el mundo!
**Las fotos de Mafalda son de Picstopin.com y de Juvenoide.cl
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