Amsterdam para dos

Hace varios meses que J. y yo nos prometimos una escapada a alguna ciudad grande donde ser solo nosotros por un par de día, pero las circunstancias (¡Malditas circunstancias!) nos van poniendo trabas y no acabamos de encontrar el momento.

Así, mientras él escanea páginas de vuelos low-cost y ofertas de último minuto, yo busco planes que nos permitan recuperar un poco del romanticismo que se nos escapa en la vida cotidiana y sueño con esos días solo para los dos.

Últimamente he estado pensando mucho en Amsterdam. Nosotros estuvimos hace algunos años, en el momento más horrible de mi vida, y quizás fue por eso que los pocos días que pasamos allí los disfruté al máximo. Más allá del reclamo turístico del Barrio Rojo y los Coffeeshops, Amsterdam me parece una ciudad especialmente romántica.

Cualquier paseo entre bicicletas, canales y los estrechos edificios que tratan de aprovechar al máximo el espacio robado al mar, merece la pena. Además, hay muchísimos museos (Desde el Museo Vangh Gogh al de Ana Frank; el Museo del Sexo, de la Mariguana… ¡Hasta un museo de Botones!), monumentos, parques, tiendas, que hacen de esta ciudad un destino excepcional.

Por si os animáis, aquí os dejo algunas pistas: recomendaciones, sitios a los que pienso volver algún día, y algunas cosas que he encontrado buceando por Internet. Y para las que habéis estado, espero vuestras sugerencias.

1- Las casas de muñecas en el Rijkmuseum. El museo en sí es una maravilla, y sorprende la importancia del arte civil: prácticamente no hay cuadros de vírgenes, santos, y pocos de reyes,  pero hay cientos que retratan a los burgueses, comerciantes, y profesionales que pagaban a los pintores, lo que ofrece una curiosa visión sobre la historia de la ciudad. Las casas de muñecas, o más bien, casas en miniatura, eran reproducciones exactas de las casas de sus propietarios y no estaban pensadas para jugar, sino que se colocaban en la entrada para mostrar su riqueza. ¡Así se ahorraban enseñar el piso a las visitas!

2 Rincones especiales: Las vistas desde la Openbare Bibliotheek (La biblioteca es una pasada, y desde su terraza se disfruta de una de las vistas más increíbles de la ciudad),el patio-jardin de Begijnhof , y las iglesias Ons Lieve Heer op Solder/ Nuestro señor en al ático (Iglesia clandestina construida en un ático cuando el catolicismo estaba prohibido) y Westerkerk (Se puede subir a la torre para otra vista panorámica). Aunque en general, cualquier iglesia de la ciudad merece una visita, porque suelen albergar exposiciones y conciertos. Por último, merece la pena visitar el Gran Hotel Amrath (Porque lo de quedarse allí, ya es otra cosa)

3- Disfrutar de los canales– Hay múltiples opciones, desde alquilar un barquito a dormir en un barco-hotel, o simplemente tomar uno de los ferries gratuitos que llevan a la zona norte.

3- De compras– Amsterdam está lleno de mercadillos, desde los más famosos de Watterlooplein o Albert Cuyp, a otros especializados con un encanto especial, como el mítico mercado flotante de los tulipanes, Bloemenmarkt, los de antigüedades y libros, como Oudemanhuisport y Nieumarkt, o el mercado de productos orgánicos de los sábados, BoerenMarkt. Para las que busquen tiendas de modas, es obligada una vueltecita por las Nueve Calles, donde se pueden encontrar muchas tiendas vintage. Por último, para ponerle el broche ideal aun viaje romántico, ¿por qué no un diamante? Para quienes puedan permitírselo, o simplemente, si quieres ver cómo se hacen, en este enlace se puede descargar un cupón para visitar el taller de Gassan, aunque también se puede visitar el Amsterdam Diamond Center.

4- Para comer– Más allá de las patatas fritas y los fast food de la curiosa cadena FEBO, Amsterdam ofrece numerosas opciones. Un sitio que acabo de encontrar en Internet y que no pienso perderme es el restaurante-café-invernadero de Noorderlichtcafe, en el barrio portuario industrial del norte de la ciudad, ahora rehabilitado y convertido en zona de moda. Además de sus múltiples cervezas, no te puedes ir sin probar su exquisita tarta de manzana (la más famosa, la de Winkel 43), los Poffertjes (dulces tradicionales) y sus quesos (Increíble el queso curado con comino). Una opción que a mí me encanta cuando viajo es ir a un supermercado cualquiera, comprar productos locales, y hacer un picnic en algún sitio especial. En Amsterdam no tendrás problemas para encontrarlo, ya que cuenta con espectaculares parques donde disfrutar de la vida de la ciudad, con actividades y atracciones, o simplemente inmensos espacios verdes donde relajarse.

5- Con niños- Ah, pero¿esto no se llamaba Amsterdam para dos? Pues sí, pero si finalmente no puedes o no quieres dejarlos en casa, en esta crónica  y esta guía de Familias en Ruta encontrarás bastante información para planificar un viaje en familia.

Y  no sigo porque los dientes los tengo tan laaaaargos que me llegan al suelo!!!

Publicado originalmente en ¡Qué pequeño es el mundo! el 8 de agosto de 2013
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Una respuesta a “Amsterdam para dos

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