Escapada a Tavira

Por fin la vida me ha dado un respiro y he podido darme el lujazo de escaparme un par de días de la rutina diaria, y aunque el viaje no ha sido tan lejos y tan “viaje” como me las prometía aquí, ha merecido la pena: desconectar, descomprimir, cargar pilas y coger tres tonos de moreno no está nada mal, y todavía mejor si es en un sitio como Tavira, a donde siempre me encanta volver.

Tavira es una ciudad del Algarve Oriental (Sotavento algarvio), a unos 30 kilómetros de la frontera española, que presume de ser la “Venecia del Algarve” y cuenta con unas playas espectaculares. Con más de 2000 años de historia, este  importante puerto desde la época árabe tuvo que ser reconstruido prácticamente entero después del terremoto de 1755, lo que da a su casco antiguo el sabor inconfundible de la arquitectura portuguesa de los siglos XVIII y XIX. Sin embargo, las calles empinadas que conducen al centro histórico guardan tesoros de otras épocas, como las numerosas iglesias, los restos de la muralla y las ruinas del Castelo, que encierran un pequeño jardín desde donde se ve toda la ciudad, atravesada por el río Gilão con sus puentes y casa con embarcaderos (De ahí el sobrenombre veneciano, aunque no hay más canales ni góndolas o algo parecido).

Las playas de Tavira. 

Tavira está separada del mar por la ría Formosa, así que para disfrutar de un baño en el Atlántico hay que moverse un poco, pero el trajín merece la pena, tanto por el viaje en sí como por el destino final, pues las playas de Tavira fueron elegidas en 2009 entre las diez mejores del mundo por Lonely Planet. Quizás la más famosa sea la playa de la Ilha de Tavira, la parte central y más grande de la costa tavirense. Para llegar, hay que coger un ferry desde la ciudad o ir en “barco-taxi”, y una vez allí te encontrarás con varios chiringuitos y un camping, además de varios kilómetros de playas de arena fina y dorada y un mar limpio y cristalino, no tan frío como en el resto de Portugal. 

Puesta de sol en Fábrica

Puesta de sol en Fábrica

Al este de la Ilha de Tavira está Fábrica. Para cruzar la ría aquí es necesario tomar una de las embarcaciones privadas que hacen el trayecto, aunque ir hasta Fábrica merece la pena solo para  pasear por la preciosa aldeia de Cancela Velha, que mantiene el encanto de los pueblos de pescadores tradicionales, y ver la puesta de sol tomando una Sagres, un vinho verde o un helado en el pequeño kiosko junto al aparcamiento.

barril carPero mi último descubrimiento, que me ha re-enamorado de este sitio, es la Praia do Barril. Para llegar, hay que ir hasta la freguesía de Santa Luzia, y seguir en dirección Pedras d’eRei hasta un puente flotante que atraviesa la ría (Está bastante bien indicado). Desde allí, se puede optar por coger un trenecito turístico o por atravesar las dunas en un paseo de unos 15 minutos (cargados y con silleta) hasta llegar a unos edificios de ladrillo y cal, formando una serie de patios que albergan varios bares y restaurantes con zonas acondicionadas para los niños(self-service, de pescado, pizzería, cantinho…), alguna tiendecita donde comprar crema solar, flotadores, pareos y enreos varios, y unos completos baños que incluyen cambiadores y duchas.

Después, atravesando esta pequeña zona “urbanizada” y un cementerio de anclas olvidadas, se abre la playa: arena fina, blanca, y un mar azul y tranquilo que se extienden hasta donde alcanza la vista, con la playa de Terra Estreita al este y la Praia do Homen Nu (nudista, como su nombre indica) al oeste. Nada masificada por su enorme extensión, limpia, de aguas transparente y no excesivamente fría, esta playa es todo un acierto.

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Cementerio de Anclas

Además de la playas, cerca de Tavira esta Pego do Inferno, una laguna con una cascada en medio del monte, pero que desgraciadamente en los últimos años se ha visto desbordada por el turismo, por lo que en temporada alta suele estar masificada y bastante sucia.

De comer y dormir. 

Antes que nada, aviso: para los que busquéis algo de marcha, Tavira no es el lugar adecuado, ya que la mayoría de sus establecimientos hosteleros son restaurantes. Hay de todo: un par de indios, pizzerías, comida internacional y de autor ( En esta línea, está muy bien el franncés Rive  Gauche, lógicamente en la margen izquierda del Gilão)… Sin embargo, yo soy de la opinión de que cuando viajamos hay que comer la comida de la zona, y en concreto, la comida portuguesa, llena de mar y cilantro, es mi pasión.

En este sentido, Tavira no defrauda. Hay muchos sitios donde degustar el excelente pescado y marisco de la zona, los arroces y las cataplanas (servidos siempre mínimo para dos, pero comen tres o cuatro), como el Costa Fábrica (en Fábrica), la Petisquería Aguasalgada (en el mercado de Tavira), o el famoso Avenida. Un sitio especial, por lo pintoresco y lo exquisito, es O Patioen la margen izquierda del río. Sin embargo, hay que estar preparados para esperar pues el servicio es extremadamente lento (los camareros, encantadores, nos lo adviertieron, pero no nos imaginábamos que la tardaría tantíiiiiiiiiisiiiimo). Sin embargo, cuando llegaron los platos estaban tan buenos que se nos olvidó la espera. Un truco es llegar temprano para cenar (sobre las siete si te van los horarios europeos) o bien tarde, cuando la mayoría de la clientela se haya ido. Esto tiene su ventaja si eres español y estás acostumbrado a cenar tarde, pues en la mayoría de los sitios, la cocina cierra a las diez. Además, O Patio tiene fado en directo los jueves.

De postre, a media tarde, o a cualquier hora, los helados naturales de la Gelateria Delizia, en el antiguo mercado de la Praça Velha.

Para dormir en Tavira, puedes optar por quedarte en el camping de la isla, pero conviene reservar si es temporada alta, o en alguna de las múltiples casas rurales y apartamentos de alquiler. Si eres más de hotel, hay varias opciones. Nosotros hemos pasado estos días en el Vila Galé Tavira (de la cadena Vila Galé. Hay otro, el Albacora, frente a la ría) con una oferta estupenda de Atrápalo. Muy bien el desayuno, la piscina, y cerca del centro y de la salida de los ferrys (la última vez que estuvimos aquí, dormimos con la furgoneta frente al hotel; inmejorable ubicación 😉 ) Otro sitio con encanto, pero más subido de precio, es el Hotel Pousada de Tavira, antiguo Convento da Graça, que pertenece a la red de Pousadas de Portugal, el equivalente a los Paradores españoles.

En definitiva, ya sea para quedarse un par de días, o para una visita de paso, Tavira merece una escapada.

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