Pásatelo bien

Hoy me he pasado media mañana buscando en la versión online de El País un artículo de Almudena Grandes. No lo he encontrado por más que he leído prácticamente todo lo que ha publicado en los últimos tres años, y aunque no puedo explicármelo, porque creo recordarlo perfectamente, ha sido todo un placer bucear entre las palabras de esta gran escritora y columnista.

El artículo en cuestión recuerdo haberlo leído un día sentada en la barra del bar, mientras mi chico hacía lo propio con el As y mi madre trajinaba al otro lado del mostrador. No sé si estaba embarazada o ya tenía a la Gordi conmigo, pero estoy segura de que tenía el modo madre on. Y cuando terminé, como me suele suceder lea lo que lea de Almudena Grandes (aunque a lo mejor era Rosa Montero, Elvira Lindo, Eva Hache o vete tú a saber!), recuerdo que tenía un pequeño nudo en la garganta, porque esas palabras me habían hecho pensar, recordar, valorar lo que mi madre siempre me ha dado (y me sigue dando) y lo que yo quiero transmitirle a mis hijas. 

Recuerdo, o creo recordar, que ese artículo giraba en torno a las palabras de una madre que se despedía de su hija diciéndole “pásatelo bien”. Nada de “sé buena” o “ten cuidado”. Nada de “no llegues tarde” o”estudia”, “atiende”. El mensaje de cada día, el que sonaba por encima de todos los demás era ese: “pásatelo bien”. Vive, disfruta, sé feliz.

Ese ha sido el mensaje de mi madre que me ha acompañado cada día de mi vida:  “pásatelo bien”, ya sea para ir al colegio o al trabajo; para ir de fiesta, de compras o hasta al médico. Lo de ser buena o tener cuidado se sobreentendía, estaba en otro tipo de charlas que me daba (y me da) a diario. Que nadie se piense que mi madre es una fiesta permanente. Pero esa despedida es una forma de decir “ve, anda, enfréntate al mundo con alegría y todas las ganas de ser feliz“.

Porque vivimos a golpes, porque a penas si nos dejan. Porque no podemos cargar con todas las derrotas, con todos los problemas, con la incertidumbre del futuro, los malos rollos, la prima de riesgo y el euribor, las malas noticias, los malos pensamientos… Porque es necesario aprender a reírse a diario, sacar el lado bueno de cada caída para volver a levantarse.

Porque si  la vida son dos días, pues que sea fin de semana, que el fin del mundo nos coja bailando, reivindiquemos nuestro derecho a la fiesta, y que cada día sea un día de feria, de no-cumpleaños, de vacaciones.

Por todo esto, cada mañana, cuando la dejo en el cole, me despido de mi hija con dos palabras: “Pásatelo bien

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