Pequeños lectores: crear el hábito de lectura en casa

Hace un par de meses hablaba aquí de los tres factores que contribuyen a marcar la diferencia entre lectores y no lectores: el modelo familiar, las capacidades lectoras individuales, y el descubrimiento de los libros adecuados. Hoy me gustaría profundizar en lo referente al modelo familiar, a cómo contribuimos desde casa a desarrollar el hábito de la lectura en nuestros hijos.

1- Leer, leer y leer-

Predicar con el ejemplo es probablemente la regla de oro de la educación, así que si los niños ven la lectura como una actividad cotidiana de sus padres, ellos mismos la incluirán en sus conductas, aunque muchas veces es imposible encontrar el momento de coger un libro, o una revista siquiera, antes de que los angelitos se hayan dormido. Hablar de libros, pedirles que nos cuenten qué están leyendo, comentarles nuestras lecturas o leerles pasajes hacen que la lectura forme parte del día a día.

Igualmente importante es disfrutar del tiempo compartido con un cuento o un libro. Leerles en voz alta, o simplemente contar cuentos, incrementa el vocabulario de los niños y mejora la expresión oral, desarrolla el gusto por las historias e intensifica los lazos afectivos, además de ser una herramienta excelente para introducir valores y modificar conductas (por ejemplo, para luchar contra los miedos) y para entretener a los peques en determinados momentos claves, como una espera que se hace demasiado larga. Pero como en todo, la lectura en voz alta y la narración tienen sus trucos y pautas:

Elegir el libro, el momento y el lugar adecuado. El mejor momento, el que a ellos les apetece, y en cuanto al sitio, la cama, el sofá, un montón de cojines… cualquier sitio donde donde poder sentarnos, estirarnos, acurrucarnos y ver juntos las ilustraciones. En cuanto al cuento, es mejor respetar su elección en la medida de lo posible. A veces quieren el mismo cuento una y otra vez, o incluso que se lo cuentes con las palabras exactas: la repetición y las estructuras predecibles aportan seguridad a los más pequeños, les ayudan a aprender la secuencia narrativa y a desarrollar luego sus propias historias.

Hacerlo interesante: poner voces, introducir ruidos, canciones, rimas, mímica, títeres, etc. mejora la narración y ayuda a mantener la atención. Además, a veces el vocabulario del texto o la forma en que está escrito es demasiado complicado, aburrido o poco adecuado a su edad, por lo que podemos resumirlo y/o adaptarlo a las necesidades o las experiencias de nuestros hijos. Pero es fundamentaltener la oportunidad de investigar el cuento previamente.

Implicarles en la lectura. No deben ser meros receptores pasivos, como si vieran la tele, sino que deben tener oportunidad de participar: pedirles su opinión, que adivinen qué pasará a continuación, que describan las ilustraciones o comparar las situaciones narradas con otras que ellos han vivido o conocen de primera mano son algunas opciones. Además, a medida que crecen, podemos invertir los papeles y pedirles que lean o que inventen historias para nosotros.

Seguir leyendo juntos aun cuando sepan leer. Acompañar a nuestros hijos en el proceso de adquisición de la competencia lectora va más allá de enseñarles a juntar las letras. Seguir leyendo juntos fomenta su confianza y les ayuda a desarrollar su habilidad para construir significados a partir del texto, y según van creciendo, se pueden variar las estrategias, por ejemplo, leyendo textos dramáticos en los que cada uno interpreta a personajes diferentes.

2- Convertir los libros en algo especial.

Es importante darle a los libros un estatus especial, diferente del resto de sus juguetes y pertenencias, pues contribuyen a que valoren la lectura como algo especial. Para ello, conviene reservar un espacio diferenciado para sus libros, ya sea un estante propio o una pequeña biblioteca. Además, también funciona regalar libros, tanto a ellos como comprarlos para regalar a otras personas, y convertir las visitas a librerías y bibliotecas en una actividad especial, por ejemplo, aprovechando la programación de actividades de estas o visitándolas durante nuestros viajes.

3- Distintos soportes, distintas oportunidades para acercarse a la lectura.

A veces, se tiende a sacralizar el libro, convirtiéndolo en antagonista de dibujos animados, películas, videojuegos y otras manifestaciones que despiertan más interés en los niños. Y si nosotros rechazamos sus preferencias, ellos no tardarán en rechazar las nuestras. Por eso lo ideal es combinarlas, ver versiones teatrales o cinematográficas de sus cuentos preferidos y viceversa, regalarles el libro en que está basada una película que les encanta, ir a cuentacuentos, títeres… Además, Internet se convierte en un aliado excepcional para, por ejemplo, buscar imágenes que ilustren un cuento que estamos contando, música para acompañarlo, etc.

4- Demostrarles la utilidad de la lectura-

Especialmente con niños más mayores, mostrarles como la competencia lectora les ayuda en el día a día, desarrolla su interés por perfeccionarla. Así, conviene buscar ocasiones donde la lectura les ayude a lograr un propósito, como por ejemplo, hacer un pastel siguiendo una receta, usar una guía para preparar un viaje, o buscar información sobre un tema que les interese. Igualmente, como con el resto de “saberes funcionales”, debemos invitarlos a aplicar lo que han aprendido leyendo a la resolución de sus problemas cotidianos.

Norman-Rockwell-Boy-Reading-Adventure-Story

Boy Reading , de Norman Rockwell

 

En definitiva, hay que tener en cuenta que la lectura no se aprende en la escuela. En el colegio aprendemos, como mucho,  a relacionar letras y sonidos, a combinarlos en sílabas, y más tarde, a crear significados para extraer información de los textos. Pero el desarrollo del gusto por la lectura, y por la cultura en general, no pertenece al ámbito de la enseñanza escolar, sino al de la educación, y como tal, debería desarrollarse en casa, en familia, y desde el principio, sin esperar a la escuela.

Porque disfrutar de la lectura supone ser lectores competentes, permite ampliar la potencia de nuestras conexiones neuronales, nuestros marcos de conocimiento, y por tanto contribuye al éxito escolar y nos ayuda a comprender el mundo que nos rodea. Es una herramienta que nos facilita la vida y nos hace más felices.

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Una respuesta a “Pequeños lectores: crear el hábito de lectura en casa

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