Verano sin Salma

Junio, ese mes que siempre se hace eterno, un mes esperando. Que lleguen las vacaciones, que se llene la piscina, volver a juntarnos todos los primos, la llegada de Salma… Pero este año Salma ya no vendrá.

Salma es una niña saharaui que ha estado de acogida en casa de mis tíos durante cinco veranos con el proyecto Vacaciones en Paz. Para quien no lo conozca, se trata de un proyecto que consiste en la acogida de un menor de los campamentos saharauis de la zona de Tinduf con el objetivo de darle unos meses de respiro del calor agobiante del verano en el desierto, ofrecerles los tratamientos médicos que necesiten y establecer unos lazos afectivos y culturales con las poblaciones del Sáhara que favorezca el envío  de material humanitario, alimentos, material escolar, etc. que les permitan sobrevivir en mejores condiciones en medio de ese olvido político e institucional, en ese desamparo que dejó España a sus antiguos ciudadanos (o quizás es que eran tan solo súbditos) y que mantienen Argelia y Marruecos.

Cada mes de Junio llegaba una Salma flaquita y tímida, y a medida que pasaban los días, iba cogiendo confianza y unos kilitos, y se mezclaba en esa marabunta revoltosa de primos que llena cada verano el campo de mi abuela hasta fundirse totalmente con nosotros y pasar como otra García más, morena y chillona. Pero este verano Salma ya no vendrá.

Mi asm, hermana, como nos llamábamos a veces porque tiene el pelo largo, negro y rizado como yo, y los dientes enormes y separados como los míos, ya no puede volver porque este verano cumple los doce, la edad máxima permitida. Este verano ya es casi una mujer, con todo lo que eso implica en su cultura, aunque cuando se fue hace algo menos de un año, el cuerpecillo que yo abracé era el de una niña chiquita, preciosa e inteligente.

A lo largo de estos meses, he pensado mucho en ella, en el último día que nos vimos, y a menudo me he preguntado para qué sirve realmente este proyecto. Supongo que cuando apriete el calor, como aquí y ahora, ella también se acordará de nosotras, de los veranos entre Zafra y Cáceres, de la playa y la piscina, de las meriendas interminables, las risas tontas y el bullicio de las primas. No sé si a medida que crezca, la comparación le servirá para tomar conciencia de la situación de su país y, especialmente, de las mujeres de su cultura.

No sé si esos meses que tantos niños y niñas pasa en España tendrán un impacto real en la situación del Sáhara, y espero que sea así, que no se conviertan simplemente en recuerdos luminosos de veranos pasados, crueles a veces en comparación con su presente y su  futuro. Que no sé cual será, pero seguro que será difícil y sin duda, distinto del de mis otras primas, algunas de su edad, del de mis hijas o del mío propio, pues por negro que lo veamos aquí, las oportunidades no son ni mucho menos las mismas.

Así que este mes de junio será un poco más triste, con una cosa buena menos que esperar. Cuando por fin llegue agosto y nazca mi otra hija, habrá un hada madrina menos revoloteando alrededor de su cuna; un bocadillo menos que preparar, un bikini menos colgado de la cuerda multicolor cada noche…

Y te echaremos de menos, Salma.

 

** La foto destacada es de El Blogo Feroz

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