Con el susto en el cuerpo

Hace dos semanas que quería escribir esta entrada y por fin puedo hacerlo. Hace dos miércoles que la beba me pegó el susto más grande de mi carrera maternal, y parece que hoy, finalmente, hemos confirmado que susto fue y en susto se quedó.

Pues resulta que hace dos miércoles, llevando a la peque en el portabebés, descubrí que tenía la fontanela hinchada. Lo primero que hice, como buena madre hipocondríaca, fue buscar en Internet con la esperanza de leer en alguna parte “es normal”, pero el resultado fue bastante descorazonador, y en cuanto llegó su padre, nos fuimos a urgencias. Cuando a las ocho de la tarde, después de una ecografía y una prueba ocular, me dijeron que nos quedábamos ingresadas, se me vino el mundo abajo. La doctora me había explicado que probablemente fuera la reacción a un medicamento, pero las cuatro horas de espera me habían dado para leer mucho. En ese momento, las imágenes de cráneos hidrocefálicos y esas dos palabras malditas -tumor cerebral- se me convertían en lágrimas cada vez que pestañeaba y El Gran Gatsby, que había alternado con los artículos de Medline y la Wikipedia, no conseguía ya distraerme. Además, ni siquiera podía llamar a mi madre, porque estaba de merecidísimas vacaciones en la otra punta de España y no quería asustarla antes de tiempo.

Pero la niña estaba bien. No había fiebre, nada de vómitos. Jugaba, se reía y comía como siempre. Poco a poco, la tesis de la pediatra iba ganando peso, y ninguno de los síntomas que recogían los artículos médicos aparecía, con lo que yo sola, para tranquilizarme durante la espera, iba descartando las peores predicciones, las más gordas y otras muchas de las que nunca había oído hablar.

Al final, todo se quedó en un retiro espiritual en una habitación con unas vistas estupendas, cortesía de la Consejería de Sanidad. Cinco días en observación para descartar algo más mientras las fontanelas volvían a su tamaño original, confirmando así lo que suponía la doctora: Hipertensión Intracraneal Idiopática. Vamos, que no se sabe porqué, pero que se atribuye a la Estilsona que la pediatra de Atención Primaria le había recetado porque tenía un “principio de bronquiolitis“.

Tuvimos la suerte de que una de las pediatras del ala de lactantes, Carmen Cuadrado, se había encontrado un caso exactamente igual poco antes: un bebé de cinco meses presentaba las fontanelas hinchadas después de terminar un tratamiento con corticoides recetado por una bronquiolitis. Inmediatamente se interesó por nuestro caso, buscó la historia, revisó la literatura médica sobre el tema y estuvo pendiente de nosotras, durante todo el ingreso y hasta hoy que hemos ido a la revisión y nos hemos vuelto a casa felices de la vida.

Por lo visto, los corticoides reducen la presión intracraneal, y al suprimirlos se produce una especie de efecto rebote que desaparece solo entre tres y siete días después. Sin embargo, es difícil encontrar información al respecto,  ni siquiera aparece en el prospecto de la Estilsona y por ejemplo, otro de los pediatras del ala, mayor y más experimentado, no se había encontrado nunca un caso igual. Así que tal vez, si no hubiera sido por la coincidencia, la cosa hubiera sido más dura para nosotros, más traumática y probablemente, con una resonancia o un TAC con su correspondiente anestesia de por medio.

hospital

Los pies de mi gordi con modelito hospitalario

Así que escribo esta entrada en primer lugar para agradecer al personal del ala de lactantes del Hospital Macarena de Sevilla su trabajo y sus cuidados, especialmente a la doctoras Carmen Cuadrado y Helga Benítez (que vino cada día pacientemente a medir la cabeza gorda de mi Osapanda). Sus palabras de ánimo, su interés, su formación y su información. Con trabajadores así funciona nuestra sanidad pública, pese a los recortes y los mazazos que le llegan desde las alturas.

Pero también estoy escribiendo esto por si otros niños y otros padres se encuentran en nuestra situación, por si hay otra hipofrikondríaca por ahí de las que se tranquilizan eliminando síntomas y por casualidad se tropieza con esto. Porque una de las pocas cosas que recuerdo de la universidad y que aplico siempre en mi vida es la teoría de la entropía: la información reduce la incertidumbre.

Supongo que este susto será uno de muchos, y espero que todos acaben siendo algo para recordar con una sonrisa. Es algo que va en el carné de madre, preocuparse, por lo importante y por lo tonto. Vivir, en definitiva, con el susto en el cuerpo.

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Una respuesta a “Con el susto en el cuerpo

  1. Ay me alegro que no fuera nada!!!!! Lo del susto es algo que no se nos va del cuerpo, y la wikipedia no ayuda, pero todas tiramos de internet y está bien que nos encontremos con estas cosas que nos dicen que “es normal”!! Gracias!

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