Un clásico: El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza.

El otro día mi hija me dedicó un piropo que me llegó al alma: “Mamá, eres la que mejor cuenta cuentos del mundo”. Y me vine arriba: “¿Te gustaría que yo fuera al cole a contar cuentos?.¿El cuento del león?” Y entonces se le encendió la bombilla -y los cachetes- y con esa cara de pilla y la risa tonta me dijo que no, que el del león nanai, que si me toca ir a contar alguno será el cuento del topo.

El del topo, por si todavía queda alguien que no lo conozca, es  El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza (Werner Holzwarth y Wolf Erlbtuch, Editorial Alfaguara), la historia de un topo miope y desgraciado que nada más salir de su agujero recibe una cagada en su cabeza y se lanza a la caza y captura de su propietario, preguntando a los animales que se encuentra si “aquello” es suyo.

Yo conozco este cuento hace tiempo, era el preferido de mi primo pequeño y lo acompañó en su “operación pañal“, por eso no pensaba comprarlo, ya que mis tías suelen ir trayéndonos lotes de libros a medida que las niñas crecen. Sin embargo, hace tiempo encontré una edición especial con sonidos y la compré para el hijo de una amiga, pero como luego resultó que otra persona había tenido la misma idea, acabamos quedándonos con él.

Aunque entonces mi hija era un poco pequeña para sacarle toda la chicha al libro (acababa de cumplir un año), le encantaba ver las ilustraciones, ya que eran animales que conocía muy bien, y escuchar los sonidos (la voz del animal en cuestión más el ruido de su caca), quizás porque sonaban como las pedorretas que le hacíamos en la barriga en las sesiones de cosquillas.

Poco a poco, a medida que ha ido creciendo, el libro ha ido aumentando su rentabilidad: centrándose en la historia de forma lineal primero, como en cualquier otra, y partiéndose de risa después, ahora que está en esa fase de caca-culo-pedo-pis, y todo lo escatológico ha pasado de ser algo natural a un tabú muy divertido.

Me gusta este cuento especialmente por sus ilustraciones y por la forma en que está escrito: la trama principal se expresa mediante una estructura muy sencilla, la conversación entre el topo y cada uno de los otros animales que se repite página tras página con las mismas palabras. Esta repetición permite a los más pequeños seguir la historia cómodamente, y les da seguridad para aprenderla y contarla ellos mismos (en la línea de palabras mágicas como el “soplaré y soplaré” o el “abuelita, abuelita, que ojos más grandes tienes”), pero a la vez, incluye un paréntesis en el que se describen lo excrementos de cada animal y las diversas reacciones del topo, con un vocabulario más amplio y un divertido tono de humor que hace que el libro siga siendo atractivo para lectores más mayores.topo

En cuanto al argumento, es bastante simple. El topo sale a buscar al culpable del desastre y cuando lo encuentra, se venga de él. Sí, esta sed de venganza no es precisamente educativa, pero es lo que hay. Puede ser un tema a discutir después de la lectura, porque me da a mí que mi hija, cada día más indignada con esos “dueños guarronos que no recogen las cacas de sus perros” y que amenizan nuestros paseos de ida y vuelta al cole convirtiendo un trayecto de lo más sencillo en una trepidante aventura, acabará tirándole a alguien en la cabeza la bolsa con las cacas de nuestra Yira.

En cuanto a las ediciones, tienes el libro clásico, el álbum ilustrado, la versión push-up o esta con sonidos, pero si quieres echar un vistazo primero puedes encontrar el cuento completo aquí, o disfrutar de este corto animado de la versión argentina, El Topito Birolo.

Propuesta de lectura de El topo que quería saber…

¿Y después de leer, qué hacemos? Lo primero, seguramente, leerlo de nuevo. Ese “otra vez” después de pasar la última página es inevitable. Pero si os apetece hacer alguna otra actividad desde Alfaguara nos proponen esta guía didáctica (está enfocada para el cole, pero también pueden hacerse en casa), con fichas incluidas.

Además, trabajar sobre los animales, cómo son, qué comen… Internet puede ayudarnos a buscar imágenes e información, aunque a nosotras lo que más nos gusta es verlos en vivo y en directo, salir al campo o dar una vuelta por la ciudad, ya que aquí es fácil ver perros, caballos y palomas (y por desgracia, sus cacas)

Por último, sobre el tema de la moraleja, se pueden trabajar conceptos y valores como la necesidad/utilidad/alternativas al ojo por ojo, comentando el tema y buscando finales alternativos para el cuento, además de la actitud del topo, si es valiente, se enfrenta a los acontecimientos… Aunque creo que  nosotras somos más básicas: nos gusta reírnos de las pedorretas y de la asquerosa búsqueda del pobre topo.

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2 Respuestas a “Un clásico: El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza.

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