Felizmente Salvaje

La espero en la puerta del cole y ahí viene, en la fila, retorciéndose de risa entre sus dos muy mejores amigos, colorada como un tomate, los dientes brillantes de conejilla proyectándose hacia delante en cada carcajada, y alrededor de su cabeza flota suelta su melena de leona, que esta mañana había peinado, repeinado y recogido en un look reprime-rizos a causa de la tiranía de los piojos (es decir, al colegio con coleta por si acaso). Cuando llega hasta mí, sigue riéndose, su carita reluciente entre esa mata espesa y rubia de rizos locos: “¿Has visto qué guapa? Hemos jugado a las peluqueras”.

“Cuando las veo así pienso ¡Qué bien lo han tenido que pasar!” dice la abuela de su amiga (de pelo más fácil pero con la sudadera decorada en toda la gama de tonos tierra y chocolate que ha encontrado en el colegio). Yo, que soy bastante más petarda, he pensado al verla “No se puede domar algo tan felizmente salvaje”, la frase final del libro Salvaje, de Emily Hughes, que fue el regalo de su último cumpleaños.

Descubrí este libro por casualidad, en el cartel de un cuentacuentos al que no pude ir, pero los inmensos ojos de la niña protagonista, que te asaltan sonrientes desde laWP_20160210_001 portada me atraparon, así que estuve buscándola en la biblioteca y en las grandes librerías de mi ciudad para curiosear el libro tranquilamente, pero ni rastro. También me quedé sin la Book Box de Boolino, llegué demasiado tarde, y por fin me lo encontró mi librera de cabecera. El caso es que llegamos al día del cumple y teníamos el libro. Sí, lo confieso, fue un regalo para las dos.

Salvaje es uno de esos libros que cautivan a los mayores porque nos hacen pensar (aunque no salgamos muy bien parados) y porque las ilustraciones son increíbles. No sé si os pasa, pero a mí, que soy de biblioteca, ebook y ediciones de bolsillo por culpa de la (infra)economía y las mudanzas, me pierde un buen álbum ilustrado, disfruto cada rincón de sus páginas y me encanta descubrir nuevos matices y secretos en cada relectura. Y en Salvaje es posible, primero por el trasfondo filosófico de su contenido, y segundo por la forma de expresarlo con formas, colores y detalles.

WP_20160210_003La historia que nos cuenta la conocemos de sobra: el mito del niño-lobo, el buen salvaje, una Mowgli que no quiere adaptarse al corsé civilizado, que no es feliz entre esos locos humanos que desde su punto de vista hablan mal, comen mal y juegan mal. El texto, con frases cortas y sencillas, ofrece una lectura fácil para primeros lectores, aunque su mensaje es algo más complejo, construido con una dosis de ironía y de lectura entre líneas. Por su parte, las ilustraciones apoyan la lectura y la comprensión de la historia tanto de forma narrativa (es decir, mostrando lo que cuentan las palabras) como de forma subjetiva, contrastando el ambiente idílico del bosque y la compañía de los animales con el ambiente opresivo de la casa y las expresiones de miedo, enfado o incomprensión de los rostros humanos.

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WP_20160210_004Salvaje invita a la reflexión. Permite por ejemplo trabajar con los niños el concepto de límite y sus porqués, hablar y pensar sobre las convenciones humanas y las normas sociales, pero seguramente remueve también algo en el adulto lector, un reflejo inconsciente en esa mujer de ceño fruncido que repeina hasta que domina las greñas salvajes, en ese psicólogo que no comprende, al que las medidas y los informes solo le ofrecen información inútil. Y te hace repensar tus límites, tus normas, las reglas y convenciones que te limitan; preguntarte si de verdad son tan justas, tan necesarias o tan importantes. O si simplemente traducimos a nuestras hij@s las mismas reglas que nos limitan y oprimen a nosotr@s, con la correspondiente pérdida de energía y el mal rollo innecesario.

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“No se puede domar algo tan felizmente salvaje”

El último detalle que me encanta de Salvaje es su cuidada edición a cargo de Libros del Zorro Rojo, una editorial para no perder de vista (No en vano ha sido nombrada Mejor Editorial Europea en la última edición de la Feria del Libro de Bolonia), que cuenta con un catálogo excepcional (tanto el de niños como el de adultos), de esos que te hacen decir continuamente ¡Me lo pido, me lo pido!, y en el que resalta la importancia de la ilustración y su selección de autores de referencia.

** Todas las imágenes de esta entrada son fotos tomadas de nuestro ejemplar de Salvaje, de Emily Hughes (Libros del Zorro Rojo)

 

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